Thursday, November 10, 2005

Opinión Pública y Hirsch

La situación es la siguiente: Luego de 15 años de democracia ya damos por sentado que eso es lo básico, por ende ahora nuestras “necesidades” suben en la escala de satisfacción y nos llevan a pedir otras cosas, a exigir soluciones a problemas que antes eran considerados permanentes, reformas a sistemas e instituciones que vemos que dejaron de funcionar como debían, etc. Estamos en el paso decisivo de Chile de comenzar a Crecer como país o simplemente seguir en una Transición que ya apesta a excusa.

Es entonces que llegamos a un punto crítico en que la Opinión Pública ya no es saciada con circo del barato, sino que comienza a dar nuevos signos vitales en sus ondas cerebrales. Esto se debe, como decíamos a la cobertura de la necesidad básica (democracia), habiendo solucionado este pilar fundamental la variedad de promesas y propuestas de modelo de Gobierno pueden variar en un amplio espectro de posibilidades tan seductoras como interesantes. Es aquí donde comienza el cambio de todo, en la variedad.

Tenemos un panorama de 4 candidatos presidenciales, 4 Representantes de diferentes tendencias políticas y defensores de diferentes modelos de gobierno que, hace años atrás, deberían haber cumplido con al menos una cosa: SER DIFERENTES los unos de los otros, cosa que hoy no está sucediendo. Si hace 10 años hubiéramos traído a un extranjero cualquiera a presenciar un debate, él no habría tenido problemas mayores para diferenciar un candidato de derecha, uno de centro, uno de izquierda, en incluso tal vez algún independiente, pero ¿es eso hoy posible?, no lo creemos así.

Entonces, en un ambiente que nos huele enrarecido, saturado de Nada, colmado de palabras clichés y lugares comunes, plagado de promesas vacías y discursos que no se diferencian el uno del otro, uno como espectador del circo agradece la diferencia, agradece la “frescura” de “algo nuevo”, aunque ese “nuevo” tenga la misma edad que la revolución francesa.

Tomás Hirsch ha sido tomado por los medios como La Gran Sorpresa, algo inesperado que de pronto nos cambió a todos los panoramas de la futura elección y que generó comentarios tan ubicados como “…pero para qué forzar una segunda vuelta, si todos queremos vacaciones” (candidata Bachellet). Es decir, la presencia de este candidato hasta 2 semanas antes del debate no era más que un condimento, una anécdota graciosa, como las que siempre, cada 6 años, daba el Partido Comunista, o el Radical o el Humanista… meras “bromas”.

Hasta antes del foro presidencial no se le había tomado el Real peso a una tendencia que apela a algo tan sencillo como la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, ideales “revolucionarios” que están dentro de cada uno de nosotros, y sobretodo en aquellos que están disconformes con el Sistema regente y, ¿cuántos son?, más que “hartos”, délo por seguro.
Es entonces recién que se va entendiendo la jugada de Hirsch y su comando: Simplemente activaron un nicho latente de mercado que había sido TAN descuidado por años y que ahora encontró algo que lo representase. Si a este sentimiento de Representación sumamos el poco atractivo panorama de los otros candidatos no resulta tan difícil entender el por qué de la alza “tan brutal” de Hirsch, pero lejos lo más chistoso es el contexto en el que se da y es esto mismo lo más importante, más allá de que sea Hirsch o Moulián o quien sea:

La gente está tan chata de las propuestas que se han hecho, tan decepcionada de las performances de los candidatos y por sobretodo se siente tan dejada de lado, pasada a llevar completamente por los candidatos, que no están votando por Hirsch (la mayoría) porque sientan que los representa 100% y mucho menos porque crean que es una alternativa viable, sino que votan castigando al resto, usan su voto como un látigo de indiferencia hacia los otros candidatos, votos que tradicionalmente iban a parar a los nunca bien ponderados Nulo y Blanco, dos candidatos eternos, pero que ahora les salió competencia: Hirsch.

Entonces podemos decir sin riesgo a equivocarnos que la Competencia Directa de Hirsch serían los Blanco y los Nulos, ya que es ESE el mercado que intenta explotar, el de los disconformes y lo hace de manera soberbia con ese carisma tan propio que tiene y que deja como cartuchos a los otros candidatos. Si a esto añadimos la franqueza que demuestra siempre Hirsch al admitir que sabe que no va a ganar esta elección, pero que su proyección es para 6, 12 años más como partido y no como sujeto (algo que causó bastante simpatía entre la Opinión Pública al tener como competencia a tipejos que lo único que buscan es el beneficio personal para su Imagen) y lo sólido que parecen ser sus argumentos, no nos debiera parecer tan extraña la reacción de la gente y su reflejo en las encuestas.

Un cambio inesperado en el escenario de la vecina elección, una oportunidad oportunista, un aparecido entre los candidatos y el descontento de la Opinión Pública… el que tenga ojos, que sepa ver.